
Cuando abrió en 1978, la boutique de Serrano era el único sitio de la ciudad donde se podía ver un cronógrafo de rueda de pilares desmontado sobre el mostrador.
El taller original sigue en el sótano, con los mismos bancos de trabajo y dos relojeros que llevan más de veinte años en la casa.
Hoy las citas privadas se reservan con semanas de antelación.